La Asociación de Mujeres Artesanas y Agricultoras de Valle del Risco, Bocas del Toro, Panamá (AMAAR), ha dado un paso significativo en la lucha por la restauración de los ecosistemas en Centroamérica con la creación de 11 viveros forestales en fincas modelo de la región. Esta iniciativa forma parte del subproyecto “Kri nö g̈abigwe aune nura ügädebigwe – Restauración y Renovación Agroforestal”, enmarcado en el Programa Enlazando el Paisaje Centroamericano Costa Rica – Panamá, y busca promover la reforestación con especies nativas.
Los viveros, establecidos en diferentes fincas, están diseñados para producir plantas directamente en los lugares que serán reforestados, garantizando un proceso eficiente y sostenible. En ellos se cultivan al menos siete especies nativas de la región, como níspero, cedro criollo, membrillo, mayo y gasparillo, con un total de 1,980 plantones en desarrollo. Se estima que, tras un período de aproximadamente seis meses, las plantas alcanzarán el desarrollo fenológico y fisiológico necesario para ser trasplantadas al campo, recibiendo durante ese tiempo el manejo técnico adecuado.
Liderazgo comunitario y participación femenina
Este esfuerzo es liderado por las beneficiarias del subproyecto, quienes han demostrado un firme compromiso con la restauración y protección de los ecosistemas locales. La iniciativa no solo busca recuperar áreas degradadas, sino también fortalecer la participación de las mujeres en la gestión ambiental y promover prácticas agroforestales sostenibles.
Este proyecto cuenta con el apoyo de la Asociación Coordinadora Indígena y Campesina de Agroforestería Comunitaria Centroamericana (ACICAFOC), así como con el respaldo del Ministerio de Cooperación Alemana, mediante el KfW Banco de Desarrollo, y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Con esta acción, AMAAR no solo contribuye a la recuperación de áreas forestales, sino que también promueve un modelo de desarrollo sostenible que beneficia a las comunidades locales y al medio ambiente. Este proyecto es un ejemplo de cómo la colaboración entre organizaciones locales e internacionales puede generar un impacto positivo en la restauración de ecosistemas.


