Mérida, México. – ¿Cómo avanzar hacia la conservación del 30 % del planeta asegurando que las comunidades que habitan, gestionan y protegen los territorios sean parte real de las decisiones?
Esta fue una de las reflexiones centrales del Foro Regional “Mesoamérica hacia el 30×30”, realizado los días 1 y 2 de septiembre en Mérida, México, con la participación de autoridades ambientales, pueblos indígenas, organizaciones de la sociedad civil, comunidad científica y organismos de cooperación.
En representación de la Asociación Coordinadora Indígena y Campesina de Agroforestería Comunitaria Centroamericana (ACICAFOC), su Director Ejecutivo, Alberto Chinchilla, participó en el bloque “Gobernanza y conservación basada en derechos: un pilar angular para el logro del 30×30”, un espacio orientado a analizar las condiciones necesarias para que la participación de los pueblos indígenas y las comunidades locales sea efectiva, equitativa y legítima en el cumplimiento de la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal.
Comunidades Vivas: conservar con participación, derechos y decisiones desde el territorio
Durante su intervención, ACICAFOC compartió la experiencia del Programa Comunidades Vivas – PMRN II y su Mecanismo de Compensación por Conservación, como una experiencia regional que busca demostrar que conservar biodiversidad y mejorar las condiciones de vida de las comunidades pueden avanzar de manera conjunta.
Uno de los aspectos que despertó especial interés fue el proceso desarrollado para garantizar la Consulta y el Consentimiento Previo, Libre e Informado (CPLI) y la participación efectiva de las comunidades en la definición de las inversiones.
La experiencia de Comunidades Vivas parte de una premisa fundamental: la participación comunitaria no puede limitarse a informar sobre un proyecto previamente definido. Las comunidades necesitan tiempo, información y espacios propios para analizar, dialogar, plantear prioridades y decidir sobre las medidas e inversiones que responden a sus territorios y formas de vida.
Este proceso ha requerido numerosas asambleas y espacios de diálogo, así como un trabajo sostenido de construcción de confianza, transparencia y rendición de cuentas. En algunos territorios, el proceso de consulta, planificación y concertación se extendió durante cerca de dos años antes de llegar a la etapa actual de implementación de las inversiones comunitarias.
Este tiempo no representa únicamente una etapa previa a la ejecución. Constituye parte esencial de una conservación basada en derechos: crear las condiciones para que las comunidades comprendan, participen y tomen decisiones informadas sobre las acciones que se desarrollarán en sus territorios.
En este proceso ha sido fundamental contar con un esquema de cooperación que reconoce la importancia de invertir no solamente en las medidas de conservación, sino también en las metodologías participativas y en los procesos necesarios para construir acuerdos legítimos con las comunidades.
Un mecanismo que vincula conservación y calidad de vida
A través del Mecanismo de Compensación por Conservación, las comunidades identifican medidas para conservar y proteger la biodiversidad y, paralelamente, priorizan inversiones orientadas a fortalecer sus condiciones y calidad de vida.
De esta manera, la conservación deja de abordarse únicamente desde la protección de un área y comienza a entenderse como un proceso en el que biodiversidad, bienestar comunitario, gobernanza territorial y sostenibilidad están estrechamente vinculados.
El Programa Comunidades Vivas constituye una experiencia piloto regional que busca contribuir a la conservación de aproximadamente 20,000 hectáreas en Centroamérica, generando aprendizajes que pueden aportar a la discusión sobre cómo avanzar hacia el 30×30 desde los territorios.
El 30×30 también es una meta de gobernanza
Mesoamérica enfrenta el desafío de contribuir a conservar al menos el 30 % de las áreas terrestres, aguas continentales y zonas marinas para 2030, en cumplimiento de la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad.
Sin embargo, alcanzar el 30×30 no consiste únicamente en incrementar el número de hectáreas bajo alguna figura de conservación. Implica garantizar conservación efectiva, conectividad ecológica, sostenibilidad financiera y, especialmente, una gobernanza que reconozca los derechos y el papel de los pueblos indígenas y las comunidades locales.
La experiencia presentada por ACICAFOC puso precisamente esta dimensión sobre la mesa: las metas globales de biodiversidad pueden encontrar respuestas concretas en los territorios cuando las comunidades dejan de ser vistas únicamente como beneficiarias y pasan a ser actores que participan, proponen y toman decisiones sobre la conservación y las inversiones vinculadas con su desarrollo.
El Foro Regional “Mesoamérica hacia el 30×30” permitió intercambiar experiencias y avanzar en la identificación de desafíos técnicos, institucionales y financieros para la construcción de una hoja de ruta regional hacia el cumplimiento de la Meta 3.
Sus resultados contribuirán también a fortalecer las discusiones regionales de cara a próximos espacios internacionales sobre biodiversidad y áreas conservadas.
Para ACICAFOC, participar en estos espacios permite llevar la experiencia y la voz de los territorios a las discusiones regionales y, al mismo tiempo, continuar fortaleciendo modelos innovadores de conservación comunitaria.
Comunidades Vivas muestra que avanzar hacia el 30×30 no es solamente una cuestión de cuánto territorio conservar, sino también de cómo conservarlo, con quiénes hacerlo y qué lugar ocupan las comunidades en las decisiones sobre su propio territorio.


